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Extractos de la biblioteca totoptero

Kawakami, Hiromi. Abandonarse a la pasión. Ocho relatos de amor y desamor. Barcelona: Editorial Acantilado, 1999. 128 págs.

La primera vez que fui al mar, tenía 8 años. El primer mar que vi fue el Pacífico, en Bocagrande, Nariño. Todas mis ideas del mar se correspondían con una planicie verde azulada que formaba una línea horizontal al fondo, sobre la que se podía ver la mitad de un sol escondido al atardecer. Nada de eso ocurrió. Llegué a Bocagrande de noche, después de navegar durante dos horas por un manglar en una lancha a punto de naufragar. Al amanecer del día siguiente, corrí a la playa buscando la imagen, el sueño; pero lo que vi fue una violencia barrosa que lanzaba troncos y ramas por doquier. El mar me recibió en sus brazos con un golpe directo que me hizo caer y revolcarme en medio de piedras y arena. Cuando logré reponerme, el mar me ofreció un atardecer sin arena, desde una esquina de esa isla a medio tragar por el agua. La naturaleza se convirtió en una amorosa enemiga que me trataba a su antojo. Fue mucho tiempo después que esa sensación volvió a aparecer, cuando vi el grabado de Katsushika Hokusai "La gran ola de Kanagawa". Al ver la imagen, entendí que el mar es en realidad el esfuerzo de esos treinta hombres que luchan por sobrevivir en medio de la ola. Sentí que a los ocho años, el mar me había enseñado la lección de sentirme bogando por sobrevivir, siempre; enfrentarme a la violencia con las manos y un remo; estar a la deriva sin esperar un futuro más allá del golpe para avanzar; dejarse llevar para avanzar un poco o morir al intentarlo. La tercera vez que esa sensación surgió como un golpe de existencia fue al encontrar que estaba nítida en cada uno de los personajes de "Abandonarse a la pasión" de Hiromi Kawakami.

El libro de Kawakami narra ocho historias protagonizadas por mujeres que se encuentran en relaciones de amor complejas, difíciles, asfixiantes, insalvables. Al igual que ocurre con la flecha inmóvil de Zenón, Kawakami toma una instantánea de un momento específico en las relaciones de pareja. La primera es una historia que inicia (o apenas logra iniciar), y el libro termina con una historia que se desvanece en la eternidad (sin que se prevea un fin). Así, los cuentos están ubicados en el avance progresivo de un amor visto como la institución de la pareja (monstruo arquetípico, lo llama Arreola) que, al tiempo, se convierte en el avance progresivo de la violencia. En estos cuentos de Kawawkami, la violencia y el amor son dos elementos que están claramente unidos. La elección de la palabra "pasión" para el título (no tengo idea si es una traducción libre o es el título original) devela esa doble cualidad del amor: aquello que te lleva al desborde y aquello que te duele hasta dejarte paralizado de terror. Las formas en las cuales los hombres violentan a las mujeres es uno de los referentes más claros que unen el libro completo: las violencias de la palabra, de la tradición, las violaciones, la violencia simbólica, real, física, monetaria; todas ellas se dirigen a indicar la pérdida del deseo femenino y la imposición de un deseo masculino que nunca se logra identificar. Cada una de las mujeres protagonistas, narra en una primera persona la forma en que sus deseos se transforman en sueños rotos, destruidos por una imposición externa a ellas (siempre por parte de sus parejas-hombres). Cada cuento narra en pequeñas escenas (de manera lenta, contemplativa y simbólica), cómo es posible que una relación se destruya en cada uno de los procesos en los cuales dos sujetos se convierten en pareja. Algunos de los relatos tienen un "click" final que resignifica todo el relato y lo estructura de nuevo a partir de un objeto, una palabra o un recuerdo que aparece para darle la vuelta a todo lo que se ha dicho. Así, la palabra "pobrecita", la joya con forma de insecto, la tortuga, el peso de un pavo real; son las claves que permiten dar una lectura compleja a cada uno de los cuentos. Si bien este es uno de los aciertos de la autora, también es posible que esta estructura repetida constantemente en todo el libro (y anunciada en los títulos de cada cuento) se vuelva predecible y monótona al final. De todas formas, esta repetición se olvida rápidamente porque el lugar de preponderancia en los cuentos lo toma la filigrana en las descripciones, la construcción de cada uno de los personajes principales a través de la voz (que se alcanza a notar aún con la traducción), los diálogos aparentemente cotidianos o las construcción de cotidianidades a través de escenas concretas (como la comida o las caminatas).
Punto aparte merece un cuento excepcional: "Pavo Real". El gran aporte de este cuento, es la forma como la autora aborda un tema complejo como la violación, a partir de una primera voz que entreteje dos historias que se reflejan una en la otra. No solo cuenta la historia de una mujer que, después de ser violada, se siente culpable de esa acción porque se pregunta constantemente si pudo haber hecho algo por evitarla; sino que cuenta cómo esa violación de infancia causó una complejidad inmensa en las relaciones de pareja que intenta (sin lograr) tener cuando es adulta. La elección de la autora es por una voz en primera persona insegura, que duda, que tiene ilusiones del amor; pero que al mismo tiempo espera siempre lo peor con sus parejas, no tiene fe en el futuro y construye sus relaciones a partir de la pérdida. Esa gran elección permite entrever la complejidad psicológica, física, ética y amorosa que tiene un tema como la violación. Cuando muchos autores pueden caer en una simplicidad de víctima-victimario, Kawakami mira los intersticios, los claroscuros, las vetas que no se habían trabajado en un tema así en la literatura contemporánea.
Al acabar de leer el libro de Kawakami, sentí mis brazos agotados, cansados de tanto remar. Al final de cada cuento queda la zozobra oscura de no poder hacer algo para enfrentarse a la ola de Kanagawa. Ni treinta, ni cien, ni un hombre pueden salir a salvo de ese enorme monstruo que nos traga de alguna forma. Tan solo queda la esperanza: pensar que la vida es una amorosa amiga, que después de tanto terror (un terror del amor que comienza en relaciones que no inician y termina en la eternidad del dolor y la ausencia) puede quedar un atardecer sin arena desde una esquina de una isla a medio tragar por el agua.

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