Siempre hay deudas. No es diferente con este espacio. Nunca comprendo bien la razón por la cual me cuelgo con la escritura de ensayos, artículos, estudios, entradas de blog o correos electrónicos; en resumen, no puedo negar la terrible verdad: sucede. Es así que muchos libros leídos durante el año 2011 se quedaron sin una entrada en este espacio, y es así como hay días en que no logro dormir tranquilamente recordando todo lo que debo. Pensando en que este espacio se abre (entre otras razones) por una lógica mnemotécnica en la cual me es útil para no olvidar aquello que leo, y con una intencionalidad a corto plazo de poder dormir mejor esta noche, decido hacer una entrada múltiple en la cual hablo de todos aquellos “libros quedados” de los cuales siempre quise decir algo y nunca lo hice. Además, el año 2012 ya inicia con tres deudas, con tres libros nuevos leídos que esperan su turno para aparecer en la totopteca. Dado que esta es una entrada diferente, pido disculpas por las simplificaciones y el exceso de subjetivismo en las opiniones. Gracias a los lectores que han contribuido con sus comentarios a que este espacio aún exista.
Schweblin, Samanta. El núcleo del Disturbio. Booket: Buenos Aires. 2011. 144 págs.
El libro de cuentos de la argentina Samantha Schweblin golpea duro y de varias formas. Se conforma como una montaña rusa que pasa por la crítica filosófica, la visión del arte, el trabajo puntual del lenguaje, lo onírico o la llamada “literatura de género”. Si bien este múltiple panorama de posibilidades parecería demasiado amplio, hay un engrudo especial que las une y las amasa en un libro único: el humor ácido. Cada uno de los cuentos está escrito con la frialdad descarnada de la ironía y la acidez. Sin utilizar las herramientas escatológicas propias de quienes quieren levantar ampollas falsas, Schweblin utiliza un lenguaje sobrio y elegante para hablar de las condiciones humanas más bajas y subterráneas. En la mayoría de los cuentos que conforman el libro, hallamos sujetos perdidos en una compleja trama de problemas y pensamientos internos que intentan encontrar un apoyo, una salida, una posibilidad en otros sujetos o en el mundo exterior; contrario a su deseo el encuentro con ese mundo exterior clarifica lo insoluble de la vida y la ridiculez de la existencia humana misma. Al final quien gana siempre es el mundo. Subrayo un par de cuentos: “Hacia la alegre civilización de la Capital” (crítica poco soterrada de la ciudades y sus propuestas de forma de vida) y “La pesada valija del señor Benavides” (que muestra la descarnada lucha entre arte y vida) y “Matar a un perro” (pequeña joya que demuestra cómo se debe crear una atmósfera y contar un cuento). [Nota: algunos de estos cuentos se pueden leer en su página web].Di Benedetto, Antonio. Cuentos Claros. Adriana Hidalgo Editores: Buenos Aires. 2008. 157 págs.
Escuché el nombre de Benedetto por primera vez hace poco gracias a un amigo chileno: Pablo Vergara. Siempre me recomendó leer “Zama”, pero conseguí “Cuentos Claros”. La colección de cuentos de Di Benedetto me pareció irregular y extraña. Fabulosos cuentos como “As” se seguían de delirios inconexos como “Falta de vocación”. La variabilidad de los temas, cuentos, personajes y tipos de escritura me parecieron ricos en profundidad pero demasiado heterogéneos como para conformar un libro (su unión me pareció más que aleatoria). De los cinco cuentos que conforman el libro, subrayo “Enroscado” como una pequeña joya: una escritura coincidente con la de Felisberto Hernández y un tema cercano a Pablo Palacio unidos en un texto que, al combinar estas dos características, va mucho más allá. El mismo Di Benedetto consideraba al cuento como una especie de divertimento mientras escribía novelas, es decir como distracciones de su tarea real. Al terminar de leer el libro, Pablo me comentó: “Tienes que leer Zama ahí hay otro Di Benedetto. Habrá que seguir su consejo, espero que en ella encuentre la maestría de “Enroscado”.Rafael Sánchez, Luis. La Guaracha del Macho Camacho. Ediciones de la Flor: Buenos Aires. 1995. 234 págs.
Mairal, Pedro. Salvatierra. Editorial Emecé: Buenos Aires. 2008. 158 págs.
La primera vez que leí un texto de Mairal fue una novela, la leí en un aeropuerto. La segunda vez fue un libro de cuentos, lo leí en la sala de espera de un hospital. Después vi todos los capítulos de su programa de televisión mientras almorzaba. Lo leo en momentos de paso, mientras hago algo más, entiendo a qué se debe: necesito equilibrar su delicada profundidad subjetiva con un momento público; sólo así puedo soportar el toque preciso al alma. Lo admito: me encanta la escritura de Mairal y es uno de los pocos escritores con los que leo unas palabras que me hablan, no como lector sino como individuo. En “Salvatierra” el escritor argentino cuenta la historia de un pintor, de un hijo, de un cuadro. En medio de estas historias (que son una sola) crea conexiones con el poeta entrerriano Juan L Ortiz, y habla del paso del tiempo, del cambio de generaciones, de los secretos familiares. “Salvatierra” es, igual a los libros de Mairal, un libro sencillo: no tiene grandes complejidades de lenguaje, trama, personajes; su prosa fluye como un río (imagen que da vida y coherencia a toda la novela) pero es un río en el que es muy fácil caer y ahogarse. Es justamente eso lo que encanta de Mairal: ¿cómo lograr tal profundidad del alma con las herramientas más sencillas de la escritura?, sólo un maestro puede lograr algo así y, mientras más leo a Mairal, más me convenzo de que su escritura es magistral. Palabras como agua, capítulos como ríos. Lo admito, mientras leía “Salvatierra” en un colectivo, preferí pasar del paradero en el cual debía bajarme y esperar a que el capítulo acabara. Nunca caminar diez cuadras fue tan gratificante.[Continuará: Dado que el post está suficientemente extenso, dejo los otros 4 libros para una nueva entrada]



3 Acotaciones:
Siempre es bueno encontrar un foráneo entre su lecturas siempre tan gringas y ultimadamente tan argentinas (lo digo por el puertorriqueño); a menudo cuando leo sus filias, de pronto me siento como usted cuando se queja de las novela urbanas y rockeras. Cuando uno empieza a escuchar salsa sin prevenciones ni prejuicios se va dando cuenta de lo bien hecha que está esa música, que no hay que olvidar que es gringa 100%. Me tomo el atrevimiento de recomendarle un tema que por la mitad tiene un piano muy de jazz. http://www.youtube.com/watch?v=QntEsaL8OJI
Carlos, gracias por sus comentarios: siempre son refrescantes y acertados. Gracias por la recomendación y gracias por la lectura. Las filias que desarrollamos son tan nosotros, como los amores que tenemos.
Me agrada encontrar textos narrativos cuyos personajes tengan mi nombre. "Una noche con Sabrina Love", además de tener la virtud antes mencionada, es una novela magnifica, bien escrita, sencilla. Sin duda comparto lo que dice el administrador de este blog, Pedro Mairal es un maestro, un maestro joven, pues tiene algo más de cuarenta años. También le he ido siguiendo la pista con sus cuentos. Recuerdo haberlo visto en Bogotá 39 dando una charla en una biblioteca pública. Es un escritor en todo el sentido de la palabra.
Publicar un comentario en la entrada