Kohan, Martín. Cuentas Pendientes. Anagrama. Buenos Aires. 2010. 177 págs.
Siempre imaginé cómo es ser escritor. Soy una de esas personas que sueñan con ser escritor pero no se sienta a escribir un párrafo. Hay unas líneas que recuerdo mucho en el que alguien dudaba al llenar los papeles de inmigración y no sabía si en el espacio de “profesión” poner: escritor. En un taller insistían en aquello de sentirse “escritor” y decirlo abiertamente, recuerdo conversaciones con una amiga (saludos Andrea) en las que decíamos: ¿cuándo se es escritor, cuando se ha publicado un cuento?, ¿una novela?, ¿cuándo no se ha publicado nada? La última vez que me lo pregunté fue hace un par de semanas: estaba en un coloquio y uno de los invitados era Martín Kohan. Lo presentaron y leyó un cuento de diez minutos frente a toda la audiencia. Me gustó. Al día siguiente, uno de los ponentes presentó un escrito basado en el texto que Martín había leído. La ponencia duró media hora, el doble del tiempo que demoró Kohan en leer su cuento. Y después vinieron las intervenciones: otra media hora. Lo interesante era que el autor estaba en medio del público, con sonrisa escéptica mientras escuchaba cosas como “lo que quiso decir Martín en ese párrafo era…”. Nunca dijo una palabra, reía con Sergio Chejfec -sentado a su lado-, y anotaba cosas en una libretita que tenía llena de letra menuda. Entonces me di cuenta que ser escritor no era sólo escribir, invitaciones a las ferias y firmas de autógrafos; era también escuchar personas que sacaban conclusiones, basados en cosas que no se imagina el autor, de cosas que se “quisieron decir” y que nunca se
imaginaron. Me agradó la actitud estoica de Kohan, así que salí a una librería y, después de dudar mucho, compré “Cuentas Pendientes”, su última novela.Kohan es uno de los nuevos escritores argentinos que trabaja tanto con la creación, como con la crítica y la docencia universitaria; y su mayor reconocimiento lo obtuvo con el premio Herralde en 2007 por su novela “Ciencias Morales” (que fue convertida en la película “La mirada invisible” –vaya cosa de los directores argentinos y los ojos y las miradas…–). No sabía si comprar “Ciencias morales” o “Cuentas pendientes”; al final me decidí por la última, y la decisión fue pésima. La novela se divide en varios capítulos que cambian en su numeración a medida que avanza el libro (primero en números romanos, después con números arábigos y finalizando con números con letras). Cada cambio de numeración anuncia el cambio en la voz narrativa: el narrador se desplaza de un viejo pequeño burgués-arrendador, a un diálogo y termina en la voz de un arrendatario-escritor (claro alter ego de Kohan); estos cambios parecieran ser gratuitos igual que muchas de las cosas que se encuentran en la novela. El primero de los apartados (en el cual habla el viejo), está lleno de espacios gratuitos y de velocidades lentas que no llevan a parte alguna. Kohan se preocupa por armar en esta primera parte una ambientación muy interesante que logra mostrar la cotidianeidad del viejo y las personas que están a su alrededor, pero una vez ha acabado de mostrarla, se sale por los márgenes de la historia y utiliza métodos efectistas para dejar que las páginas pasen. Un caso específico (y especialmente molesto) es el apartado en el cual el personaje lee de manera puntual los avisos clasificados de “Clarín”, los cuales están trascritos al libro con los pensamientos que provocan en el viejo. Al terminar ese aparte, se olvida por completo la acción y se cambia gratuitamente a otro momento. La lectura que hace de un periódico el personaje, es un ejercicio de escritura que puede servir para delimitar el carácter y la respuesta de un personaje, pero no necesariamente debe estar en la entrega final del texto: es uno de esos papeles que se botan al momento en que han cumplido su función. Al igual que este aparte, aparecen otros que no funcionan como hilos que cohesionen el texto, o que pareciera tener un sentido específico: producir “compasión”. Toda la novela de Kohan tendría –entonces- una intención puntual: producir un sentimiento en el lector. Lejos de poéticas de Aristóteles y elementos teóricos, la literatura (la buena) hoy en día no solamente recurre a una producción de sensaciones (llámese catarsis o symponia), sino que es una producción de sentido profundo que incluye las sensaciones, los conceptos, las historias, los argumentos, los personajes. El intento efectista de Kohan en centrarse en uno de esos elementos, supeditando los otros a la producción de sensaciones, es fallido y deja el entramado literario en un hilo débil que no se sostiene. Ya al final del texto, el autor intenta salvar la obra (patadas de ahogado) con algunas reflexiones de ese arrendatario-escritor sobre el papel de la literatura y del escritor en personajes que están lejos de ser literarios y cuyas reflexiones parecen los borradores de un diario sin editar. Cuando Kohan intenta mostrar así la vida de un fracasado, fracasa en el intento. La intención clara del texto es rebajar tanto al personaje del viejo (Giménez), que produzca una lástima profunda densa, total. Esa lástima se convertirá, entonces, en un sentimiento loable y puro que, contrario a lo sublime, logre darle “heroicidad” a la degradación. Todo esto lo imagino (se pueden ver ciertas trazas de eso) pero no lo veo. Hay maneras diferentes de convertir a un viejo en un personaje literario (Tom Sharpe, Shakespeare [El Rey Lear] y próximamente Sheol -un saludo- lo demuestran), pero tratar de forzar la desgracia hasta el punto de la compasión forzada, no es una buena forma de hacer literatura aquí-y-ahora. Para terminar, quiero poner solo en el papel la pregunta por la espacialidad de lo literario: una obra con demasiadas referencias específicas en el habla, en la ubicación temporal, en las costumbres, ¿funciona actualmente o no? La novela de Kohan es demasiado “porteña”, elementos simbólicos importantes (pocos que tiene) necesitan una contextualización espacial o se pierden por completo. Un lector de Suazilandia, entendería solo a medias (50% es un número benevolente) de la obra, y eso me crea la pregunta de la espacialidad y la “localidad” de la obra. Es una
pregunta que tiene muchos vértices y que solo quería dejar planteada en este espacio. Quizá funcione más como una pregunta para el espacio académico. Quizá se la pregunte a Martín Kohan cuando lo vea en los pasillos de la Uba.Después de comprar “Cuentas pendientes” y leerla, muchos me dijeron que era mejor leer “Ciencias morales”. Recordé en esos momentos que el cuento que Kohan leyó en el encuentro (“Matadero” se llamaba), realmente me gustó y que quizá la película me demuestre que “Ciencias morales” es un buen texto. Que compré el libro porque su actitud me pareció agradable y la compartí por un momento. Ese día yo llevaba una camiseta que dice: “So many books, so little time”, ahora veo que leí la ‘novela equivocada’ y no sé si darle una oportunidad más a Martín, dedicarle más tiempo. Porque quiero, algún día, en el espacio de migración tachonear “escritor”; porque quiero que alguien escriba sobre lo que quise decir y nunca imaginé; quiero leer un artículo como este, en el que alguien habla mal sobre mi novela y me pueda reír mientras anoto nuevas ideas en mi libreta de mano.



6 Acotaciones:
He leido este "artículo-ensayo-crítica" con agrado, como siempre lo hago. me impresiona tu lectura, y tu manera de abordar los libros.
Un abrazo, y espero nos veamos pronto.
Gracias Amigo, espero todo vaya bien con el taller y felicitaciones por la avalancha de publicaciones y de premios que ha obtenido últimamente. Sigo muy pendiente de su blog y espero seguir teniendo buenas noticias suyas. un abrazo: horwendil amleth
No pierdas el tiempo con Ciencias Morales. A menos que seas porteño y sepas con exactitud lo que es el Colegio Nacional Buenos Aires y todos sus fetiches, te quedás afuera. Pero además es una novela olvidable. Eso sí: está muy prolijamente escrita.
Rodrigo, si vos no podés marcar la casilla de escritor, ¿entonces quién?
Compa es sencillo, es escritor el que escribe. Gabo, usted, todos los blogueros del mundo unidos; es de una claridad meridiana, me extraña de ud. siendo ducho en lecturas. Los hay de 1ra, 2da y 3ra, buenos, regulares y malos. Si lo que quiere es poner en un formulario escritor hágalo en el próximo.
Vuelvo como no lo hacía hace rato. Quiero una camiseta igual. También guardo pudor ante el auto-nombramiento, más en formularios (en qué banco sería útil poner escritor en la profesión, yo uso el docente) pero como dice el Carlos de arriba: escritor es el que escribe, así nadie haga reseñas o comentarios críticos de los farfulleos a los que se solemos arrojarnos con más pasión que expectativas. Pero algún nombre debe tener ser parte del pequeño porcentaje que aún pierde el tiempo productivamente escribiendo. Un saludo.
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