Mujica Laínez, Manuel. Misteriosa Buenos Aires. DeBols!llo. Barcelona. 2007. 284 págs.Y de repente caí en Buenos Aires. Caer es el verbo apropiado porque cuando se llega a una ciudad, las preguntas son el diario vivir y se siente que se ha caído: no se conocen las historias secretas que van nombrando las calles y los edificios. Una de las pocas historias que tenía en Bogotá, era la historia de la calle “Cabeza de perro”, en la cual aparecía de cuando en vez el fantasma de un perro sin cabeza; aún hoy la pregunta que queda es ¿Por qué nombrar una calle justamente con aquello de lo que carecía el can? Cuando caigo en Buenos Aires, no disfruto de historias, nombres, ni espacios; tengo que preguntarlas, debo buscarlas. En mi primera semana en esta ciudad, los únicos referentes eran los musicales: las calles y los barrios aparecen sincrónicamente con su propia banda sonora. Quería encontrar referentes literarios pequeños, pero me di cuenta que, mientras leía, pasaba encima de los nombres de cafés, y edificios, y solo tenía los grandes lugares: Parque Lezama, Avenida 25 de Mayo, Corrientes. Entonces aparece en una biblioteca ajena el nombre de un autor que me recomendaron (saludos Edgar) cientos de veces. Y al leerlo los nombres de los próceres tienen sentido, la historia se arma de nuevo sobre la literatura y puedo ver algunos lugares con la mirada que me entregó Manuel Mujica Laínez y su “Misteriosa Buenos Aires”.
Mujica Laínez es uno de esos autores argentinos que no tienen el reconocimiento mediático de Borges o Sábato, pero que vivieron en la misma época y que fueron tapados –me cuentan- por su pensamiento político. En “Misteriosa Buenos Aires”, Mujica Laínez hace una de las cosas que más me interesan de la literatura: contar la historia a partir de personajes marginales. El libro se compone de pequeños cuentos (dos a cinco páginas) ambientados en épocas específicas y ordenados de manera cronológica: empieza en 1536 y termina en 1904. En cada una de estas historias se narra un instante, un momento efímero el cual se construye desde lo cotidiano. Los cuentos –de disímil calidad- retoman los lugares internos: lejos de representar la historia desde grandes personajes constitutivos, Mujica Laínez se interesa por hablar de los plateros, los vendedores, los empleados y las yerbateras; y los ubica en sus casas o en cafés cerrados, o remite las historias a espacios específicos (como una ventana o una puerta). Esta insistencia a plantear los cuentos en espacios específicos y en instantes cortos, hace que la revisión histórica se plantee en la construcción misma de la ciudad y de la identidad. Pero esta revisión no es sólo realista; como acostumbra Mujica Laínez, mezcla elementos históricos con narraciones mágicas o extraordinarias. El resultado de esta mixtura, es la exposición simultánea de la crónica y la ficción, haciendo que los dos elementos disímiles formen parte del mismo nivel ontológico. En ocasiones, inserta elementos supuestamente mágicos, los cuales son resueltos de manera realista, haciendo más móvil este desplazamiento de lo ficcional a lo no ficcional; en otros casos el movimiento es contrario, ya que nombra personajes históricos o calles específicas en cuentos de corte netamente fantástico. El carácter dual va formando una imagen de ciudad Misteriosa (tal y como reza su título), la cual establece parámetros de reconocimiento que a la vez acercan (cotidiano) y alejan (extrañamiento histórico). Es justo ahí, en ese límite difuso que propone Mujica Laínez, en el cual se halla lo extraño, la posibilidad de la fantasía y la ficción como límite del arte y límite de la Historia. Otro de los elementos importantes de los cuentos de “Misteriosa Buenos Aires” es la estructura temporal que se utiliza en un importante número de historias. Dado que todos surgen de momentos muy cortos, generalmente establecidos en el clímax de la historia, el proceso temporal se plantea desde un presente inicial confuso, el cual se arma con un pasado que le sigue y que cuenta las situaciones que obligaron al personaje para llegar al clímax (el cual es el corpus del relato). Al final, retoma ese presente inicial para darle fin a ese clímax anunciado desde el inicio. Esta forma temporal crea dos importantes características: mantiene una tensión narrativa que está presente desde el inicio y le da cierta calma al final, dado que el corpus está narrado como una larga digresión que le quita un poco de peso al desenlace. Si bien estas dos características parecerían contrarias en un inicio, Mujica las maneja muy bien al darle tiempos narrativos (en este caso hablo de los momentos de habla) diferentes que retoman y alejan al lector en su acto de lectura. Para terminar, es necesario nombrar que la construcción de los personajes es otro de los aciertos del escritor argentino. El momento más claro en el que esto se produce, es cuando el narrador es un tomo de “Pablo y Virginia” o cuando toma la voz el azulejo de una casa. Es justamente en esas voces en las cuales es posible apreciar cómo la marginalidad produce una mirada histórica válida (mirada que es diferente a la de la historia oficial), y cómo la literatura se vale de herramientas de esa historia-otra para establecer nuevos referentes en los cuales la historia es un telón de fondo. Es

por eso que vale la pena recordar uno de los apartes del libro en el cual se puede apreciar eso:
“Me sobrecogió la sensación rarísima de que estaba viviendo un episodio aparte de los que sacudían a la ciudad. Fue (…) como si la lucha de las calles y de las azoteas no tuviera significado en sí misma, como si solo sirviera de encuadramiento remoto a otro drama, íntimo, agudo, sutil, del cual éramos los únicos protagonistas.” (P. 169)
Llevo diez días en Buenos Aires, desde mi llegada los edificios empiezan a pasar de la sorpresa a la cotidianidad. Pero el libro de Mujica Laínez me ha permitido que esa cotidianidad no llegue tan rápido, que descubra en cada nombre un significado, una historia, un personaje. Los letreros de las calles tienen ahora reminiscencias. La caída finalmente no es tan fuerte, y solo es caída mientras miras el sitio en el cual has aterrizado; después de eso, después de un libro como “Misteriosa Buenos Aires”, la caída se convierte en viaje.



3 Acotaciones:
Y ahora, aguardando la FIL Bogotá, te recomiendo un libro, que se encuentra en Buenos Aires, y el cual leí hace poco, y es POLÍTICA, de Adam Thirlwell, publicado por Anagrama. Ojalá lo encuentres, o lo leas en alguna biblioteca de allí.
Un abrazo....oye...recomiéndame 5 novelas para comprar en la feria...vos ya sabes un poco mis gustos...
un abrazo.
Contar historias a partir de personajes marginales es lo que hicieron en casi toda su obra los cuentistas Chejov y Ribeyro. Pensé que ibas a hacer alguna referencia al estilo de Mujica Lainez; lo digo porque dicen que se parece mucho a Proust, aunque creo que el comentario tiene que ver con Bomarzo. Ëxitos en el puerto, aunque debe estar haciendo frío.
Don Hellman... pues si le sirven todavía las recomendaciones, cómprese la obra reunida de Bellatín (alfaguara)... acá están locos con ese escritor y seguro que da de qué hablar por un buen rato; todos los escritores argentinos con los que he hablado (kohan, piglia, chejfec) lo nombran en sus conversaciones: están como obsesionados.
Carlos: el comentario del estilo lo hice desde un punto de vista más estructural porque fue lo que más me sorprendió. Me han contado también que Bomarzo tiene ese estilo medio Proustiano que cuentas; pero en este libro, al ser cuentos cortos, es difícil encontrar largas analépsis de memoria que configuren todo el texto... habrá que leer más de Mujica Laínez, quedé con ganas de leer más.
¡Gracias por leer y comentar!
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